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jueves, 25 de febrero de 2016

¿Qué son las indulgencias? ¿Cuándo se pueden ganar y cómo?

¿Qué son las indulgencias? ¿Cuándo se pueden ganar y cómo?

Del libro: Javier Palacios, Cristo, ayer, hoy y siempre, Ed. Verbo Encarnado
La indulgencia es uno de los elementos constitutivos del Jubileo. ‘En ellas se manifiesta la plenitud de la misericordia del Padre, que sale al encuentro de todos con su amor, manifestado en primer lugar, con el perdón de las culpas'(20).
Para la doctrina de las indulgencias, nos remitimos a la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica.
1.- ¿Qué son las indulgencias?
‘La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos’.
2.- ¿Cuántas clases de indulgencias hay?
‘La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente’.
3.- ¿A quién benefician?
‘Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias’ (CIC, can 992-994) (21).
4.- ¿Cuál es la consecuencia del pecado?
‘Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la ‘pena eterna’ del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las creaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de la que se llama la ‘pena temporal’ del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecado, de modo que no subsistiría ninguna pena (cf. Concilio de Trento: DS 1712-1713; 1820)'(22).
5.- Y si Dios ya me perdonó, ¿para qué tengo que ganar indulgencias?
‘El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entrañan la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegado el día, enfrentándose serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del pecado; debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del ‘hombre viejo’ y a revestirse del ‘hombre nuevo” (cf.Ef 4,24) (23).
6.- ¿Cómo es posible nuestra remisión de las penas por los pecados?
‘El cristiano que quiere purificarse de su pecado y santificarse con ayuda de la gracia de Dios no se encuentra solo. ‘La vida de cada uno de los hijos de Dios está ligada de una manera admirable, en Cristo y por Cristo, con la vida de todos los otros hermanos cristianos, en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico de Cristo, como en una persona mística'(24)'(25).
‘En la comunión de los santos, por consiguiente, ‘existe entre los fieles -tanto entre quienes ya son bienaventurados como entre los que expían en el purgatorio o los que peregrinan todavía en la tierra- un constante vínculo de amor, un abundante intercambio de todos los bienes’ (26) en este intercambio admirable, la santidad de uno aprovecha a los otros, más allá del daño que el pecado de uno pudo causar a los demás. Así, el recurso a la comunión de los santos permite al pecador contrito estar antes y más eficazmente purificado de las penas del pecado'(27).
7.- ¿A quién debemos esta remisión?
‘Estos bienes espirituales de la comunión de los santos, los llamamos también el tesoro de la Iglesia, ‘que no es suma de bienes, como lo son las riquezas materiales acumuladas en el transcurso de los siglos, sino que es el valor infinito e inagotable que tienen ante Dios las expiaciones y los méritos de Cristo nuestro Señor, ofrecidos para que la humanidad quedara libre del pecado y llegase a la comunión con el Padre. Sólo en Cristo, Redentor nuestro, se encuentran en abundancia las satisfacciones y los méritos de su redención (cf.Heb 7,23-25; 9,11-28)'(28)'(29).
‘ Pertenecen igualmente a este tesoro el precio verdaderamente inmenso, inconmensurable y siempre nuevo que tienen ante Dios las oraciones y las buenas obras de la Bienaventurada Virgen María y de todos los santos, que se santificaron por la gracia de Cristo, siguiendo sus pasos, y realizaron una obra agradable al Padre, de manera que, trabajando en su propia salvación, cooperaron igualmente a la salvación de sus hermanos en la unidad del Cuerpo Místico'(30).
8- ¿Quién distribuye las indulgencias?
‘Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo Jesús, interviene en favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados. Por eso la Iglesia no quiere solamente acudir en ayuda de este cristiano, sino también impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad'(31).
9.- ¿Qué puedo hacer por un fiel difunto?
‘Puesto que los fieles difuntos en vía de purificación son también miembros de la misma comunión de los santos, podemos ayudarles, entre otras formas, obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados'(32).
Condiciones para ganar la Indulgencia
Para poder beneficiarse de las indulgencias es necesario estar bautizado, no excomulgado y en estado de gracia por lo menos al final de las obras prescritas para ganar la indulgencia.
Para que el sujeto que reúne estas condiciones se beneficie, debe tener intención aunque sea general, de ganarlas y de cumplir las obras prescritas dentro del tiempo establecido y en la forma debida.
Indulgencia plenaria
Las siguientes oraciones y acciones, entre otras, tienen indulgencia plenaria, si se cumplen las condiciones requeridas:
• ‘A Ti, oh Dios, te alabamos…’ (Te Deum): 1º de enero y en la Solemnidad de Pentecostés.
• ‘Adorad postrados…’ (Tantum ergo): Jueves Santo después de la Misa In Coena Dominiy en la acción litúrgica del Corpus Christi.
• ‘Jesús dulcísimo…’ (Acto de reparación): rezado públicamente el día del Sagrado Corazón.
• ‘Miradme, oh mi amado y buen Jesús…’: Los viernes de Cuaresma.
• ‘Ven, Espíritu Creador…’ (Veni Creator): rezado públicamente el 1° de enero y en la Solemnidad de Pentecostés.
• Rezar el Via Crucis: ante las estaciones, pasando de una a otra por lo menos quien lo dirige, meditando las escenas si se desea, con alguna oración vocal.
• Rezo del Santo Rosario: rezándolo en una iglesia, en un oratorio, en familia, o en comunidad. Es suficiente con rezar sólo cinco de los quince misterios, con la meditación de los misterios que se rezan.
• Adoración al Santísimo durante al menos media hora.
• Adoración de la Cruz: en la acción litúrgica del Viernes Santo.
• Realizar Ejercicios Espirituales o retiros similares, al menos de tres días de duración.
• Recibir la Bendición Papal Urbi et Orbi; también es válida por radio o televisión.
• Asistir al rito con que se clausura un Congreso Eucarístico.
• Al sacerdote que celebra los 25, 50, 60 años como aniversario de su ordenación, es extensiva a quienes le acompañen en la Santa Misa.
• Lectura de la Sagrada Escritura: al menos media hora.
• Visitar la iglesia parroquial en la fiesta titular y el 2 de agosto (indulgencia de la Porciúncula). Lo mismo vale para la Iglesia catedral o concatedral o para las iglesias cuasiparroquiales.
• Recibir la bendición apostólica en peligro de muerte inminente. En el caso de que no haya sacerdote, la Iglesia concede esta misma indulgencia con tal que se haya rezado habitualmente algunas oraciones (se suplen las tres condiciones habituales para ganar la indulgencia plenaria).
• Asistir a la predicación de algunos sermones, participando en la clausura de una Santa Misión.
• Visitar una iglesia u oratorio el día de su santo Fundador, rezando un Padrenuestro y un credo.
• Visitar las Basílicas Patriarcales o Mayores de Roma el día de la fiesta titular, en cualquier día de precepto o en día cualquiera del año elegido por el mismo fiel: ha de rezarse el Padrenuestro y el Credo.
• Visitar una iglesia u oratorio el día de Todos los difuntos (o con consentimiento del obispo, el domingo anterior o el posterior). Esta indulgencia sólo es aplicable a las almas del purgatorio.
• Visitar una iglesia o altar en el día de su dedicación, rezando un Padrenuestro y un Credo.
• Usar el día de los Santos Pedro y Pablo (29 de junio) algún objeto piadoso bendecido por el Papa o un obispo, rezando un Credo.
• Al nuevo sacerdote en su Primera Misa Solemne, y a quienes asistan a ella.
• Renovación de las promesas del bautismo: en la Vigilia pascual o en el aniversario del bautismo.
• Visitar la iglesia en que se celebra el Sínodo diocesano mientras éste dura, rezando el Padrenuestro y el Credo.
• Visitar las iglesias estacionales en su día propio, asistiendo a las funciones de la mañana o de la tarde.
• Al fiel que hace la Primera Comunión, y a quienes le acompañan.
• Visita al cementerio en los primeros ocho días del mes de noviembre, orando (basta mentalmente) por los fieles difuntos.
• En la visita pastoral, pueden beneficiarse de la indulgencia una vez si se asiste a una función sagrada presidida por el visitador.
Condiciones para la indulgencia plenaria
Para ganar una indulgencia plenaria, además de querer evitar cualquier pecado mortal o venial, hace falta rezar o hacer la obra que incorpora la indulgencia cumpliendo tres condiciones:
Confesión sacramental
Comunión Eucarística
Oración por las intenciones del Papa
Con una sola confesión sacramental puede ganarse varias indulgencias plenarias; en cambio, con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Papa sólo se gana una indulgencia plenaria. Las tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de rezar o hacer la obra que incorpora la indulgencia, pero es conveniente que la comunión y la oración por las intenciones del Papa se realicen el mismo día.
La condición de orar por las intenciones del Papa se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y un Avemaría; pero se concede a cada fiel la facultad de orar con cualquier fórmula, según su piedad y devoción.
La indulgencia plenaria únicamente puede ganarse una vez al día, pero el fiel cristiano puede alcanzar indulgencia plenaria in artículo mortis, aunque el mismo día haya ganado otra indulgencia plenaria.
La indulgencia parcial puede ganarse varias veces al día, a no ser que expresamente se establezca lo contrario.
La obra indicada para obtener la indulgencia plenaria aneja a una iglesia u oratorio consiste en la visita piadosa de este lugar, rezando el Padrenuestro y el Credo, a no ser que en algún caso especial se establezcan otras condiciones.
Indulgencia parcial
Las siguientes oraciones y acciones tienen indulgencia parcial, todas las que van señalizadas con (*) pueden alcanzar la indulgencia plenaria si se cumplen los requisitos de la misma:
• ‘A Ti, bienaventurado José…’.
• ‘A ti, oh Dios, te alabamos…’ (Te Deum)*.
• ‘Acordaos, oh piadosísima Virgen María…’.
• ‘Ángel de Dios, tú que eres mi custodio…’.
• ‘Aquí estamos, Señor, Espíritu Santo…’.
• ‘Santos Apóstoles Pedro y Pablo…’.
• ‘Misericordia, Dios mío…’ (Salmo 50).
• ‘María, Madre de gracia y de clemencia…’.
• ‘Adorad postrados…’ (Tantum ergo)*.
• ‘Oh, sagrado banquete‘.
• ‘Miradme, oh mi amado y buen Jesús…’*.
• ‘Señor, a todos los que por amor…’ (Oración por nuestros benefactores).
• ‘Señor, Dios Todopoderoso, que nos has hecho llegar al comienzo de este día…’.
• ‘Bajo tu protección…’ (Sub tuum praesidium).
• ‘Señor, dales el descanso eterno…’ Esta indulgencia se aplica sólo a los difuntos.
• ‘Adórote devotamente…’ (Adoro te devote).
• ‘Alma de Cristo…’.
• ‘Proclama mi alma…’ (Magnificat).
• ‘Oremos por nuestro Pontífice…’.
• ‘Jesús dulcísimo, cuya caridad…’.
• ‘Desde lo hondo…’.
• ‘Ven, Espíritu Creador…’ (Veni Creator).
• ‘Ven, Espíritu Santo…’ (Veni, Spiritus Sanctus).
• ‘Jesús dulcísimo, Redentor del género humano…’ (Consagración a Cristo Rey).
• ‘Te damos gracias…’
• ‘Señor… dígnate enviar a su santo ángel…’.
• ‘Señor, que tu gracia inspire…’.
• ‘Visita, Señor esta habitación…’.
• Rezar la Salve.
• Rezar el Santo Rosario.
• Rezar el Angelus durante el tiempo ordinario.
• Rezar el Credo, ya sea el apostólico o el niceno-constantinopolitano*.
• Rezar el Regina Coeli durante el tiempo pascual.
• Rezar Laudes o Vísperas del Oficio de difuntos.
• Rezo de cualquiera de las Letanías aprobadas por la Iglesia, entre otras: del Santísimo Nombre de Jesús, del Sagrado Corazón de Jesús, de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, de Santa María Virgen, de San José y de los Santos.
• Rezar las oraciones para pedir por las vocaciones.
• Rezar por la unidad de los cristianos.
• Rezo de cualquiera de los oficios parvos.
• Rezar una oración en honor de un santo en el día de su celebración litúrgica.
• Adoración del Santísimo Sacramento (Visita al Santísimo)*.
• Hacer un acto de contrición.
• Leer la Sagrada Escritura como lectura espiritual*.
• La comunión espiritual.
• Asistir a las Novenas con motivo de Navidad, Pentecostés o de la Inmaculada Concepción.
• Cualquier acto de fe, esperanza o caridad.
• Hacer un rato de oración mental.
• Renovar las promesas del bautismo*.
• Impartir o aprender la doctrina cristiana.
• Realizar la Señal de la cruz, pronunciando las palabras de costumbre.
• Visitar las catacumbas.
• Asistir a la predicación de la palabra de Dios*.
• Visitar una iglesia u oratorio en los días en que se realiza la visita pastoral*.
• Usar los objetos piadosos con la bendición debida*.
• Visitar las iglesias estacionales en su día propio.
Condiciones generales para la indulgencia parcial
La indulgencia parcial se concede a los fieles cristianos que, en el cumplimiento de sus obligaciones y en el sufrimiento de las dificultades de la vida, eleva su alma a Dios con humilde confianza, añadiendo, aunque sólo sea mentalmente, alguna piadosa invocación.
La indulgencia parcial se concede al fiel cristiano que, movido por el Espíritu de fe, se entrega a sí mismo o sus bienes, con sentimientos de misericordia, al servicio de los hermanos necesitados.
Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que, con espíritu de penitencia, se priva voluntariamente de alguna cosa lícita y agradable.

NOTA: POR DISPOSICION DE SS PABLO VI CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA INDULGENTIARUM DOCTRINA SOBRE LA REVISIÓN DE LAS INDULGENCIAS DEL 1 DE ENERO DE 1967, Norma 4. La indulgencia parcial, de ahora en adelante, será indicada exclusivamente por las palabras "indulgencia parcial", sin añadir ninguna determinación de días ni de años. Las revisiones de que se habla en las normas 14 y 15 deben proponerse a la Sagrada Penitenciaria antes de un año; cumplidos dos años del día de esta Constitución, las indulgencias que no fueran confirmadas perderán todo valor. POR LO QUE SOLO QUEDAN VIGENTE LAS QUE ESTAN ARRIBA DESCRITRAS EN ESTE ARTICULO

miércoles, 27 de enero de 2016

13 cosas que tal vez no sabías del diablo y sus demonios, según exorcista Fortea


REDACCIÓN CENTRAL, 30 Oct. 15 / 07:03 pm (ACI).- El reconocido exorcista P. José Antonio Fortea en su “Summa Daemoniaca” menciona un gran conjunto de cuestiones relativas al demonio que es importante que todo cristiano lo tome en cuenta para el combate espiritual por alcanzar el cielo. Aquí 13 cosas que tal vez no sabías del diablo y sus demonios.

1.- El enemigo tiene varios nombres

En el Antiguo Testamento se le llama “Satán” que significaría “adversario, enemigo, opositor”. Asimismo, en el Nuevo Testamento se le nombra como “Diablo”, que viene del verbo griego “diaballo” (acusar). En cambio la palabra demonio, del griego “daimon” (genio), es usado para designar a seres espirituales malignos.

Lucifer es un nombre que no está en las Sagradas Escrituras y que significa “estrella de la mañana” o “el que lleva la luz”. Lo cual “recuerda la pena tan grande que es que siendo tan bello, cayera”, indica el P, Fortea. Sin embargo, el presbítero sigue la misma idea de otro renombrado exorcista, P. Gabriele Amorth, quien considera que Lucifer es el nombre propio del segundo demonio en importancia en la jerarquía demoníaca.

2.- La gran prueba

Todos los ángeles al ser creaos por Dios, sabían que Él era su creador, pero pasaron por una prueba “antes de la visión de la esencia de la Divinidad”. A modo de comparación, el sacerdote explica que sería como decir que “veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse”.

“En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Nadie les hizo así”.

3.- La batalla en el cielo fue intelectual

Al respecto, el exorcista indica que los ángeles desobedientes empezaron a odiar a Dios y a verlo como una cadena que oprimía su libertad. La batalla entre Miguel y Lucifer, cada uno con sus ángeles, no fue con armas, ya que no tienen cuerpo, “las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales”, explica.

“Unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron más en una virtud otros en otra… los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y a los demonios se les dejó que se alejaran”.

4.- La razón de su rebeldía

Sólo en este punto se toma como referencia el libro “Historia del Mundo Angélico”, también del P. Fortea. Allí sugiere, a modo de novela, que la prueba por la que habrían pasado los ángeles es la revelación que les hizo Dios sobre crear el mundo material con la humanidad, que Él se haría hombre para salvar a los pecadores y que nacería de una mujer, la cual sería la reina de los ángeles.

Lucifer no pudo soportar esta idea, creía que él debería engendrarlo al ser la “obra maestra” del Creador. Más adelante con otros ángeles acusaron que Dios estaba equivocado y se rebelaron por completo. Los ángeles que acataron la voluntad de Dios se postraron a adorar a su creador, aún sin ver todavía su esencia. Mientras que los rebeldes se alejaron del amor de Dios.

5.- Son seres espirituales

“Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente”. Es decir, no tienen cuerpo, no sienten inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo, pero pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias. Comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual y sus faltas son sólo espirituales.

En este sentido el exorcista precisa que Satán “sigue siendo un bellísimo ángel en su naturaleza, aunque repugnante en su aspecto moral… Su ser personal se ha deformado, pero su naturaleza permanece y permanecerá intacta haga lo que haga. Dado que ambas cosas son inseparables, él auténticamente es un monstruo, un ser deforme, alguien que produce repugnancia y aversión”.

6.- Entre los demonios también hay tiempo

Su tiempo no es material como el de los humanos, sino que es un tiempo propio de los espíritus, que es llamado “evo” (“aevum” en latín) y que es la sucesión de actos de entendimiento y voluntad en un ser espiritual.

El Creador, en cambio, vive en un eterno presente. “Sólo en Él no hay sucesión de tiempo de ninguna clase. En Él no ha transcurrido nunca ni un solo segundo, ni un solo antes ni después. La eternidad de Dios es cualitativamente distinta de la eternidad del tiempo material (con un principio, pero sin final) y de la eternidad del evo (también con un principio, también sin final)”, puntualiza Fortea.

7.- Sufren al considerar a Dios

Cada ángel caído “en el conocer encuentra placer, pero también sufrimiento. Sufre cada vez que ese conocimiento le lleva a considerar a Dios. Y el demonio percibe continuamente el orden y la gloria del Creador en todas las cosas. Hasta en las cosas aparentemente más neutras, él encuentra el reflejo y el recuerdo de los atributos divinos”.

Sin embargo, el exorcista plantea que “el demonio no está siempre en cada instante sufriendo. Muchas veces simplemente piensa. Sólo sufre en ciertos momentos, cuando se acuerda de Dios, cuando se vuelve a hacer consciente de su miserable estado, de su separación de Dios”.

8.- No conocen el futuro, ni pueden leer los pensamientos

Los demonios no ven el futuro, pero con su inteligencia muy superior a la del ser humano pueden deducir por sus causas algunas cosas que sucederán. No saben lo que uno decidirá porque “la libertad humana es el gran factor de indeterminación en sus previsiones”, sostiene el P. Fortea.

“Los demonios pueden tentarnos pero no pueden leer nuestros pensamientos. Aunque dada su gran inteligencia pueden conjeturar lo que pensamos. Al ser seres más inteligentes que nosotros, deducen muchas más cosas y con más seguridad con muy pocos signos externos que lo que deduciríamos nosotros. Pero siempre hay que recordar que ellos están fuera de nuestra alma, sólo Dios puede leer nuestra alma”.


9.- Cuidado con las tentaciones

“El demonio nos puede introducir pensamientos, imágenes o recuerdos, pero no puede introducirse en nuestra voluntad. Podemos ser tentados, pero al final hacemos lo que queremos. Ni todos los poderes del infierno pueden forzar a alguien a cometer ni el más pequeño pecado”, sostiene el sacerdote.

De igual manera puntualiza que “si uno es tentado y ora, la tentación desaparece. Es incompatible la tentación con la oración. La oración crea primero una barrera contra la tentación, pues nuestra voluntad y nuestra inteligencia se centran en Dios. Y si insistimos un poco más, el demonio no puede resistirla y huye”.

10.- Odian más a los ascetas

El exorcista Fortea afirma con seguridad que de todos los cristianos que están en la Iglesia, al que más odia el demonio es al que se dedica a la ascesis (disciplina, ayuno, meditación, oración, sacrificios, etc. para alcanzar la virtud).

“El demonio odia mucho más al asceta que a la jerarquía eclesiástica o a los mismos exorcistas. El exorcista expulsa a uno, dos, una docena de demonios... El hombre que se mortifica, quebranta de un modo mucho más poderoso la influencia demoníaca en este mundo por el mero hecho de sobrellevar sobre su cuerpo y su espíritu la pasión cotidiana de su vida crucificada”.

11.- El significado de la cruz para los demonios

El presbítero describe que “todos y cada uno de los demonios estaban allí, rodeando la Cruz, contemplando con delectación su triunfo”. No obstante, ellos no podían imaginar que era la mayor victoria del Reino de los Cielos que los dejó “sin habla” con la Resurrección.

“Dios Padre no había perdonado la Pasión ni a su mismo Hijo… La Pasión en la Cruz suponía la prueba palpable de que la Justicia Divina no era trasgredida en vano. Fue en ese momento cuando se hicieron plenamente conscientes todos los demonios de que su condenación no tendría indulto alguno por los siglos de los siglos”.

“Por eso ellos de estar contemplando la Cruz con la alegría de su victoria maligna, pasaron a entender que para ellos sería para siempre el recuerdo terrible de la Justicia Divina. Y por eso por encima de todo, los demonios odian la imagen de la cruz, más que la imagen de la Santísima Virgen María o la imagen de cualquier otro santo o la representación de otro misterio sagrado”.

12.- Los objetos que atormentan a los demonios

“La Iglesia con el poder que ha recibido de Cristo puede unir un efecto espiritual a un objeto”, explica el P. Fortea. Cuenta que en una ocasión no había agua durante un exorcismo y bendijo el contenido de una botella de limonada, pero el efecto que producía era mucho menor.

“Al cabo de unos minutos ordené en el nombre de Jesús al demonio que me dijera por qué era eso así. Se resistió, pero al final dijo que el agua era símbolo de pureza y limpieza. Si bien, dijo que aquel otro líquido bendito también le producía algún efecto, pero menos”.

Otros objetos que atormentan a los demonios son las reliquias de los santos y la cruz. Asimismo, las imágenes religiosas también los atormentan, más si están bendecidas, y con mayor fuerza “si en la bendición expresamente se pidió a Dios que repelieran a los demonios”.

13.- No es el 666

El exorcista afirma que identificar la figura bíblica del Anticristo con la del diablo es un error ya que el “666” que menciona el Apocalipsis es número de un ser humano. Por lo tanto es un hombre que propaga el odio, la guerra y el mal. “Nerón, Napoleón, y especialmente Hitler, son figura y bosquejo del Anticristo definitivo y perfecto”, señala.

“También nos aclara mucho la figura del Anticristo su mismo nombre ANTI-CRISTO. Es decir, se trata de la figura contraria a Cristo. Cristo era un hombre, el Anticristo también. Cristo extendió el amor, la paz, la misericordia. El Anticristo extenderá el odio, la guerra, la venganza”.

Puede descargar y leer el libro “Summa Daemoniaca” completamente gratis en: https://www.aciprensa.com/fortea/

Sacerdote alerta sobre estas diez trampas mortales del demonio

WASHINGTON DC , 24 Ene. 16 / 08:02 pm (ACI).- Satanás es una serpiente. Recuérdalo. Es un mentiroso y padre de la Mentira. Trabaja en tu vida para tentarte, hacerte caer en el pecado y así alejarte de Dios, y también en el mundo tratando de engañarte, confundirte. Él quiere que pierdas tu fe y que te alejes de Dios.

Ante esta realidad el sacerdote P. Dwight Longenecker advierte sobre diez de sus trampas mortales en el mundo actual. Presta atención y mantente alerta ante la acción del demonio.

1) Relativismo

El relativismo postula la idea de que nada es verdadero, más bien dice que todos los puntos de vista son válidos y que no hay una verdad absoluta ni universal. El demonio no quiere que creas en una verdad porque si no existe la verdad entonces no existe el bien ni el mal. Si esto es así entonces todo vale.

Él puede tentarte con mayor facilidad si consigue que tú creas que no existe el pecado.

2) Indiferentismo

El indiferentismo te dice que todas las religiones son iguales y no importa cuál elijas. El indiferentismo es común dentro del protestantismo. Esta ideología te dice: “No importa a qué iglesia vayas mientras amas a Jesús”.

También señala que no importa si eres hinduista, musulmán, judío, sij, budista o católico. Más bien dice: “Todos estamos subiendo la misma montaña, pero en diferentes caminos”.

Tal vez sea así en cierta forma pero hay caminos que son mejores que otros porque son más verdaderos y honestos. Además hay caminos que te llevan a la parte baja de la montaña y no a la cima.

Hay que ser claros. Jesucristo es la más plena, la más completa y la revelación final de Dios a los seres humanos. Por lo tanto, el catolicismo es la más plena, antigua y la más completa unión con la única revelación de Dios en Cristo.

3) Eclecticismo

Este es “primo” del indiferentismo. El eclecticismo indica que tú puedes mezclar y juntar diferentes religiones y espiritualidades como quieras, de la misma forma que armas tu propio combo de comida rápida. La gente cree que esto es posible porque ya está influenciada por el indiferentismo.

Piénsalo bien. NO puedes mezclar el islamismo, el cristianismo o el budismo con el catolicismo. No es como armar tu propio combo. Es como si estuvieras poniéndole salsa de tomate a tu helado o estar usando pintura blanca en lugar de crema para el café.

4) Sentimentalismo

El sentimentalismo implica tomar decisiones o elegir tus creencias basándote en las emociones en vez de las verdades eternas. Puedes estar enojado o contento con algo o alguien así que actúas y decides según tu ira o alegría.

Aquí hay un ejemplo: Dos hombres quieren “casarse” y tú dices: “Awww Juan y Diego son unos chicos tan buenos. ¿Porque no se pueden casar como el resto?”. Ahí estás basando tu decisión en tus emociones con respecto a Juan y Diego, en tu deseo de ser una “buena” persona y en tus ideas sentimentales sobre las bodas y celebraciones.

No tomes decisiones importantes basándote en tus emociones. Eso conduce al caos y a la oscuridad.

5) Utilitarismo

El utilitarismo es basar tus decisiones morales o creencias en lo que parece ser útil, eficiente y económico. Por ejemplo: “Mi madre está en una casa de reposo. Ella tiene demencia. Es caro mantenerla ahí. Los médicos nos dan la alternativa de inyectarla y así ‘sus problemas acabarán’”.

No lo hagas. Por culpa del utilitarismo millones de bebés son abortados.

6) Incrementalismo

El demonio no quiere ejecutar de una sola vez todo su plan. Lo hace paso a paso.  Primero hace que digas una pequeña mentira, después una verdad a medias, luego otra mentira y otra media verdad.

Date cuenta desde el inicio de lo que está haciendo y no lo dejes. El conseguirá que caigas usando el sentimentalismo, argumentos utilitaristas, indiferentismo o ideas relativistas. Él siempre está trabajando, nunca descansa.

7) Materialismo

El materialismo no se refiere a los gastos que uno tenga. Va más allá. El problema real con el materialismo es que nos conduce a pensar que no hay nada sobrenatural.

“Dios, los ángeles, los demonios, el cielo y el infierno son sólo un mito. No existe un mundo invisible. Los sacramentos sólo son símbolos. La Iglesia es una institución humana. Los sacerdotes no son más que unos trabajadores sociales vestidos de sotana. El matrimonio es solo un papel, la confesión no es más que una terapia de autoayuda y el bautismo y la confirmación solo son ritos lindos de paso para los niños”.

Ese es el materialismo ¿Lo reconoces? Repúdialo con todo tu corazón. Es una mentira.

8) El cientificismo

El cientificismo dice que la única verdad que existe es la verdad científica. Es una mentira poderosa de Satanás porque es una de las cosas que se asumido en la sociedad.

"Sabemos que la ciencia desacredita la Biblia". Equivocado. Toda la verdad es la verdad de Dios y la verdadera ciencia siempre es hermana de la verdadera teología.

El cientificismo es una rama del ateísmo asumido. En él no hay un Dios. Solo existen las leyes de la ciencia.

9) Dilemas éticos

Esto es solo otro nombre para el relativismo moral. Se defiende la idea de que nada es bueno o malo, lo que importa son las intenciones y las circunstancias de la elección moral. Si tienes buenas intenciones y las circunstancias lo justifican, entonces lo que has elegido hacer está bien. Muchos católicos aceptan la anticoncepción artificial y el aborto debido a estos dilemas éticos.

El peligro con los dilemas éticos es que pueden llevar a la gente hasta el punto de cometer un pecado mortal justificando su elección. No caigas en eso. Si debes tomar una decisión moral complicada habla con un sacerdote o un buen asesor espiritual.

10) Universalismo

Esta ideología venenosa proviene directamente del infierno. Señala que Dios es tan amoroso, tan bueno y misericordioso que no condenará a nadie y que todos se salvarán.

Esto no sólo contradice lo que dice la Biblia, sino que contradice todas las enseñanzas de la Iglesia. El universalismo ha hecho que miles de personas caigan en una falsa certeza de que no importa lo que hagan o elijan ya que de todos modos irán al cielo.
Satanás ama el universalismo porque disfraza su mentira con el atributo más grande de Dios Padre: la Divina Misericordia. La mejor forma de repudiar esta mentira es temer al infierno.

Reflexiona ¿Haz caído o caes en alguna de estas mentiras del demonio?


Traducido y adaptado por María Ximena Rondón. Publicado originalmente en ChurchPop.

jueves, 8 de julio de 2010

SUFRIMIENTO: LA PROPUESTA DE CRISTO

Etim.: Latín suffere, sostener.

Definición - La experiencia de mal o la privación de algún bien. Aunque comúnmente es sinónimo a dolor, el sufrimiento es mas bien la reacción al dolor y por lo tanto es un factor muy importante en la espiritualidad cristiana.

Causa: El sufrimiento es consecuencia del pecado. Desde el pecado original el sufrimiento es propio de toda criatura en la tierra.

Valor del sufrimiento: Cristo nunca pecó pero asumió el sufrimiento humano y nos redimió abrazando la cruz hasta la muerte.

"Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que
él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día" Mateo 16,21, Cf. Mc 8,31, Lc 9,22.

Jesús nos enseña a tomar nuestra cruz y seguirle.
Entonces dijo Jesús a sus discípulos: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". Mateo 16,24

Para los primeros cristianos era una alegría sufrir por Cristo: "Ellos marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre" Hechos 5,41

San Pedro nos enseña que los cristianos sufren confiando en el porvenir que Dios tiene preparado.

Alegraos en la medida en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que también os alegréis
alborozados en la revelación de su gloria. I Pedro 4,13

procurando descubrir a qué tiempo y a qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando les predecía los sufrimientos destinados a Cristo y las glorias que les seguirían. I Pedro 1,11

Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar.

Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos que están en el mundo soportan los mismos sufrimientos. El Dios de toda gracia, el que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de breves sufrimientos, os restablecerá, afianzará, robustecerá y os consolidará. I Pedro 5:9-10

San Pablo valora el sufrimiento.

Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. Romanos 8,18

Que ninguno de vosotros tenga que sufrir ni por criminal ni por ladrón ni por malhechor ni por entrometido: pero si es por cristiano, que no se avergüence, que glorifique a Dios por llevar este nombre. I Pedro 4,15-16

Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación. Si somos atribulados, lo somos para consuelo y salvación vuestra; si somos consolados, lo somos para el consuelo vuestro, que os hace soportar con paciencia los mismos sufrimientos que también nosotros soportamos. Es firme nuestra esperanza respecto de vosotros; pues sabemos que, como sois solidarios con nosotros en los sufrimientos, así lo seréis también en la consolación.
II Corintios 1,5-7

Las características del apóstol se vieron cumplidas entre vosotros: paciencia perfecta en los sufrimientos y también señales, prodigios y milagros. II Corintios 12,12

No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; sino, al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios, II Timoteo 1,8

Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos; pero no me avergüenzo, porque yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel Día.
II Timoteo 1,12

Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio. II Timoteo 4,5

Pues compartisteis los sufrimientos de los encarcelados; y os dejasteis despojar con alegría de vuestros bienes, conscientes de que poseíais una riqueza mejor y más duradera. Hebreos 10,34

¿Porque Dios permite que sufran los niños?

No pretendo poder responder. Este misterio no lo entenderemos completamente en la tierra. Pero si debemos tomar en cuenta lo que Dios nos revela al respecto: Dios no se quedó distante. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. El mismo sufrió en su carne los mas atroces dolores de la cruz por amor.

Jesús está presente en el sufrimiento de cada persona. Quien hace daño a su prójimo se lo hace al mismo Jesús:

Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.- Mateo 25,40

Dios no quiere que nadie sufra. El sufrimiento lo causamos los hombres por el pecado que es rebelión contra Dios. Dios lo permite porque nos hizo libres, pero lo transforma de manera que pueda ser camino de liberación. Al morir en la cruz, Jesús hizo que el sufrimiento ya no fuese en vano. Lo podemos ofrecer a Dios uniéndolo a los sufrimientos de Cristo.

El sufrimiento NO es señal de culpa personal. Jesús sufrió y todos, buenos y malos sufrimos.
El mal nos viene por un solo hombre, Adán; La salvación nos viene por un hombre: Jesús. En El todos tenemos acceso a la gracia para vencer en las pruebas.

No podemos, sin embargo, quedarnos en las palabras. Ante el sufrimiento de nuestros hermanos Dios nos manda a responder con todo nuestro corazón. Estamos ante el mismo Cristo sufriente y debemos hacer todo lo posible por ayudarles.

Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar.-Mateo 18,6

Aun los niños tienen la capacidad de entender que los sufrimientos tienen gran valor si los ofrecemos a Dios. Los niños de Fátima son un gran ejemplo: Ellos sufrieron mucho pero comprendieron que lo podían ofrecer por los pecadores.

El sufrimiento no es la última palabra. Todo pasa muy rápido y después será la victoria y la recompensa de los que han sido fieles.