viernes, 20 de julio de 2012

Vaticano retira títulos de Pontificia y Católica a universidad peruana

ROMA, 20 Jul. 12 / 06:40 pm (ACI/EWTN Noticias).- En un comunicado con fecha 20 de julio la Sala de Prensa del Vaticano informó que la Santa Sede decidió retirar a la Pontificia Universidad Católica del Perú el derecho a usar en su denominación los títulos de "Pontificia" y de "Católica".
A continuación ACI Prensa reproduce el texto íntegro del comunicado:

"La Santa Sede, con Decreto del Emmo. Secretario de Estado, en base a específico mandato Pontificio, ha decidido conforme a la legislación canónica retirar a la Pontificia Universidad Católica del Perú el derecho a usar en su denominación los títulos de 'Pontificia' y de 'Católica'.
La mencionada Universidad, fundada en 1917 y erigida canónicamente con Decreto de la Santa Sede en 1942, a partir de 1967 ha modificado unilateralmente sus Estatutos en diversas ocasiones perjudicando gravemente los intereses de la Iglesia.

A partir de 1990, la Universidad ha sido requerida por la Santa Sede en múltiples ocasiones a adecuar sus Estatutos a la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae (15 de agosto de 1990), sin que haya respondido a esta exigencia legal.

Tras la Visita Canónica realizada en diciembre de 2011 y la entrevista del Rector con el Emmo. Cardenal Secretario de Estado en febrero de 2012, tuvo lugar un ulterior intento de diálogo en vista de adecuar los Estatutos a la ley de la Iglesia.

Recientemente, mediante dos cartas dirigidas al Emmo. Secretario de Estado, el Rector ha manifestado la imposibilidad de realizar cuanto se le requería, condicionando la modificación de los Estatutos a la renuncia por parte de la Archidiócesis de Lima al control de la gestión de los bienes de la Universidad.

La participación de la Archidiócesis de Lima en el control de la gestión patrimonial de esta entidad ha sido confirmada en varias ocasiones con sentencias de los Tribunales civiles del Perú.

Ante esta actitud por parte de la Universidad, confirmada además por otras iniciativas, la Santa Sede se ha visto obligada a adoptar las mencionadas medidas, ratificando en cualquier caso el deber que sigue teniendo dicha Universidad de observar la legislación canónica.

La Santa Sede seguirá atentamente la evolución de la situación de esta Universidad, deseando que en un futuro próximo las Autoridades académicas competentes reconsideren su posición con el fin de poder revisar las presentes medidas.

La renovación requerida por la Santa Sede hará que la Universidad responda con más eficacia al cometido de llevar el mensaje de Cristo al hombre, a la sociedad y a las culturas, según la misión de la Iglesia en el mundo".

Para ver una copia del decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano sobre la pérdida de los títulos de "Católica" y " Pontificia", haga click en:
http://www.aciprensa.com/Docum/decretopucp.pdf

miércoles, 4 de julio de 2012

Papa nombra Gerhard Müller nuevo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

VATICANO, 02 Jul. 12 / 10:58 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Benedicto XVI nombró hoy a Mons. Gerhard Ludwig Müller, hasta ahora Obispo de Ratisbona en Alemania, como nuevo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano. Es la segunda vez en su pontificado que el Santo Padre designa a un Prefecto para esta congregación, que él mismo dirigió durante más de 20 años durante el pontificado del Beato Papa Juan Pablo II. El nombramiento sigue a la aceptación de la renuncia al cargo presentada por el Cardenal William Joseph Levada, quien llegó al límite de edad estipulado por el Código de Derecho Canónico en el canon 401 (75 años). Con su nombramiento, Mons. Müller se convierte además en Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, creada para el diálogo con los lefebvristas agrupados en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y a quienes el Santo Padre les ha tendido la mano para su ingreso a la plena comunión de la Iglesia Católica a través de un preámbulo doctrinal con los requisitos mínimos que deben aceptar. El nuevo Prefecto, elevado ahora a la dignidad de Arzobispo, será también además Presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y Presidente de la Comisión Teológica Internacional.

viernes, 22 de junio de 2012

SIGUE EL AÑO DE LA FE EN INTERNET

LOGO OFICIAL DEL AÑO DE LA FE

Concepto de logotipo para el Año de la Fe

En una plaza, subió, se representa simbólicamente un barco, una imagen de la Iglesia, mientras se navega sobre las olas gráfica que acabamos de mencionar, y cuyo mástil es una cruz que iza las velas con las señales dinámicas llevar el tetragrámaton de Cristo, también el fondo de las velas es un sol que se asocia con el trigrama también se refiere a la Eucaristía.

jueves, 21 de junio de 2012

MISAS GREGORIANAS




La iglesia considera la Misa como la oración más poderosa de intercesión porque es el ofrecimiento perfecto de Cristo al Padre al hacer presente el Misterio Pascual de Su muerte y resurrección. Es una antigua tradición en la Iglesia que se pida una Misa por una intención específica, incluso cuando la persona no puede presente físicamente para la Misa.

La persona hace una donación, llamada estipendio, a un sacerdote o Comunidad Religiosa para la celebración de la Misa por una intención específica. Al hacer este ofrecimiento, la persona se une más íntimamente a Cristo quien se ofreció asimismo en la Sagrada Hostia, para obtener así frutos más abundantes. (Carta del Papa Pablo VI "Firma in Traditione" el 13 de junio de 1974). El ofrecer un estipendio es también una manera en la que el católico contribuye al servicio del sacerdote de la diócesis o comunidad religiosa.

El sacrificio de la Misa tiene un valor infinito y no hay una limitación en el número de intenciones que pueden ser ofrecidas en cualquier Misa. La Iglesia sin embargo, normalmente permite sólo una intención con cada estipendio para la Misa. Cuando una persona ofrece un estipendio, no significa que está comprando la gracia de la Misa, algo que es prácticamente imposible. Lo que ocurre, es que el sacerdote o comunidad religiosa, se compromete a celebrar una Misa por las intenciones de la persona que hizo el donativo. Se recomienda que la intención sea por el alma de una persona fallecida pero también pueden ser por las intenciones personales de personas vivas.

La Santa Misa es el mejor medio que tenemos:
  • Para ofrecer a Dios la mayor forma de adoración
  • Para agradecerle todas sus bendiciones
  • Para expiar nuestros pecados, recibir el perdón de los pecados veniales y ser preservados de futuros pecados
  • Para acrecentar nuestra unión con Dios
  • Para fortalecer la unidad de la Iglesia
  • Para obtener todas las bendiciones que deseamos (si lo que deseamos está en la voluntad de Dios)
  • Para ayudar a las almas del purgatorio y acortar nuestro propio tiempo allí
  • Para resguardarnos de todos los peligros del alma y el cuerpo
  • Para ser consolados a la hora de la muerte, porque en ese momento Su memoria será nuestra mayor consolación
  • Para interceder por nosotros ante el justo trono de Dios
  • Para traer a la tierra las bendiciones de Dios
  • Para entender mejor lo grande y sublime de la Pasión de Cristo y así, incrementar nuestro amor por Él

Las Misas Gregorianas es una serie de Santas Misas que tradicionalmente se ofrecen en 30 días consecutivos tan pronto como sea posible después del fallecimiento de una persona. Estas Misas son ofrecidas individualmente por el alma de una persona. La costumbre de celebrar las Misas Gregorianas por un alma en particular, demuestra que hay muchas personas que no están listan para el cielo inmediatamente después de morir, y que por eso, necesitan el poder intercesor del sacrificio de Cristo, presente en la Santa Misa. Así, el alma puede continuar su perfección en la gracia lo que le permitirá entrar finalmente en unión con la Santísima Trinidad, nuestro Dios, quien es el Amor Mismo.

El nombre de las Misas Gregorianas viene de San Gregorio Magno, quien fue Pontífice del 590 al 604. San Gregorio Magno contribuyó a la difusión de la práctica piadosa de celebrar estas Misas por la liberación de las almas del purgatorio. En sus escritos, él nos dice que celebraba las Misas en 30 días consecutivos por el eterno descanso del alma de Justus, un monje que había muerto en el convento de San Andrés en Roma. Al final de la última Misa, el fallecido se le apareció a uno de sus compañeros monjes anunciándole que había sido liberado de las llamas del purgatorio. 

Para mayor información manda un correo a christhian_gabriel_responde (@) yahoo.com.mx  

O comunicarse al tel Movil en Mexico nueve-seis-uno - tres-siete-seis- siete-tres-ocho-siete

miércoles, 22 de febrero de 2012

PARA VIVIR MEJOR LA CUARESMA 2012

La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor (Misal Romano cf. Prefacio I de Cuaresma).

Leeamos atentamente los siguientes articulos que pongo a su disposición


MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2012


¿QUE ES LA CUARESMA?


MIERCOLES DE CENIZA: ¿QUE CELEBRAMOS LOS CATOLICOS?
 

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE 
BENEDICTO XVI 
PARA LA CUARESMA 201
2

«Fijémonos los unos en los otros 
para estímulo de la caridad y las buenas obras»
 (Hb 10, 24)

Queridos hermanos y hermanas

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en laesperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

1. "Fijémonos": la responsabilidad para con el hermano.
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdaderoalter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).

La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.

El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

2. "Los unos en los otros": el don de la reciprocidad.
Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.
Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).

3. "Para estímulo de la caridad y las buenas obras": caminar juntos en la santidad.
Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.

Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).

Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de noviembre de 2011
BENEDICTUS PP. XVI


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sábado, 7 de enero de 2012

EXORCISMO PADRE FORTEA: CONFERENCIA

Conferencia del Padre Jose Antonio Fortea, sobre el Exorcismo 1/6 Conferencia del Padre Jose Antonio Fortea, sobre el Exorcismo 2/6 Conferencia del Padre Jose Antonio Fortea, sobre el Exorcismo 3/6 Conferencia del Padre Jose Antonio Fortea, sobre el Exorcismo 4/6 Conferencia del Padre Jose Antonio Fortea, sobre el Exorcismo 5/6 Conferencia del Padre Jose Antonio Fortea, sobre el Exorcismo 6/6

viernes, 6 de enero de 2012

22 CARDENALES DESIGNADOS POR EL PAPA BENEDICTO XVI

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) - Esta es la lista de los 22 cardenales designados, en el orden en el que el Papa Benedicto XVI les anunció:
- El arzobispo italiano Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, de 65 años.
- El arzobispo portugués Manuel Monteiro de Castro, penitenciario mayor de la Penitenciaría Apostólica, de 73 años.
- Arzobispo español Santos Abril Castelló, arcipreste de la Basílica de Santa María la Mayor, 76.
- El arzobispo italiano Antonio Maria Veglio, presidente del Consejo Pontificio para los Emigrantes e Itinerantes, que cumplirá 74 3 de febrero.
- El arzobispo italiano Giuseppe Bertello, el presidente de la Comisión de Gobierno la Ciudad del Vaticano, 69.
- El arzobispo italiano Francesco Coccopalmerio, presidente del Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos, de 73 años.
- El brasileño Joao arzobispo Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, de 64 años.
- EE.UU. El arzobispo Edwin F. O'Brien, Gran Maestre de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, de 72 años.
- El arzobispo italiano Domenico Calcagno, presidente de la Administración del Patrimonio de la Santa Sede, quien cumplirá 69 3 de febrero.
- El arzobispo italiano Giuseppe Versaldi, presidente de la Prefectura de los Asuntos Económicos de la Santa Sede, de 68 años.
- El arzobispo siro-malabar de la India Alencherry George, de 66 años.
- Canadá arzobispo Thomas C. Collins, de Toronto, que tendrá 65 años 16 de enero.
- Checa arzobispo Dominik Duka de Praga, de 68 años.
- Arzobispo holandés Willem J. Eijk de Utrecht, de 58 años.
- El arzobispo italiano Giuseppe Betori de Florencia, de 64 años.
- EE.UU. Arzobispo Timothy M. Dolan de Nueva York, que cumplirá 62 06 de febrero.
- El arzobispo alemán Rainer Maria Woelki de Berlín, de 55 años.
- Chino Mons. John Tong Hon de Hong Kong, de 72 años.
-El arzobispo rumano Lucian Muresan de Fagaras y Alba Julia, 80.
- El belga Julien Ries padre, experto en historia de las religiones, el 91.
- Malta Padre agustino Próspero Grech, estudioso de la Biblia, 86.
- Padre jesuita alemán Karl Josef Becker, teólogo, de 83 años.

lunes, 28 de noviembre de 2011

MENSAJE DEL PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, CARDENAL MAURO PIACENZA, CON OCASIÓN DEL ADVIENTO 2011

MeNSAJE
del prefeCto de la congregaCIÓN PARA EL clero,
cardENAL Mauro piacenza,
CON OCASIÓN DEL ADVIENTO 2011
Reverendos y queridos Sacerdotes:
En este especial Tiempo de gracia, María Santísima, Icono y Modelo de la Iglesia, quiere introducirnos en la actitud permanente de su Corazón Inmaculado: la vigilancia.
La Santísima Virgen vivió constantemente en vigilancia orante. En vigilia recibió el Anuncio que ha cambiado la historia de la humanidad. En vigilia cuidó y contempló, más y antes que cualquier otro, al Altísimo que se hacía Hijo suyo. Vigilante y llena de asombro amoroso y agradecido, dio a luz a la misma Luz y, junto a San José, se hizo discípula de Aquel que de Ella había nacido; que había sido adorado por los pastores y los sabios; que fue acogido por el anciano Simeón exultante y por la profetisa Ana; temido por los doctores del Templo, amado y seguido por los discípulos, hostigado y condenado por su pueblo. Vigilando en su Corazón materno, María siguió a Jesucristo hasta el pie de la Cruz y, con el inmenso dolor de Corazón traspasado, nos acogió como sus nuevos hijos. Velando, la Virgen esperó con certeza la Resurrección y fue llevada al Cielo.
Amigos muy queridos: ¡Cristo vela incesantemente sobre su Iglesia y sobre cada uno de nosotros! Y la vigilancia en la cual nos llama a entrar, es la apasionada mirada de la realidad, que se mueve entre dos directrices fundamentales: la memoria de todo lo sucedido en nuestra vida al encontrarnos con Cristo y con el gran misterio de ser sus sacerdotes, y la apertura a la "categoría de la posibilidad".
La Virgen María "hacía memoria", es decir, revivía continuamente en su corazón todo lo que Dios había obrado en Ella y, teniendo certeza de esta realidad, realizaba su tarea de ser la Madre del Altísimo. El Corazón Inmaculado de la Virgen estaba constantemente disponible y abierto a "lo posible", es decir, a concretar la amorosa Voluntad de Dios tanto en las circunstancias cotidianas como en las más inesperadas. También hoy, desde el Cielo, María Santísima nos custodia en la memoria viva de Cristo y nos abre continuamente a la posibilidad de la divina Misericordia.
Pidámosle a Ella, queridos Hermanos y Amigos, un corazón capaz de revivir el Adviento de Cristo en nuestra vida; capaz de contemplar el modo en el cual el Hijo de Dios, el día de nuestra Ordenación, marcó radical y definitivamente toda nuestra existencia sumergiéndola en su Corazón sacerdotal. Que Él nos renueve cada día en la Celebración Eucarística, que es transfiguración de nuestra misma vida en el Adviento de Cristo por la humanidad. Pidamos, en fin, un corazón atento para reconocer los signos del Adviento de Jersús en la vida de cada hombre y, en particular, entre los jóvenes que se nos confían: que sepamos discernir los signos de ese especialísimo Adviento, que es la Vocación al sacerdocio.
La Santísima Virgen María, Madre de los sacerdotes y Reina de los Apóstoles, nos obtenga, a cuantos humildemente la pidamos, la paternidad espiritual, la única capaz de "acompañar" a los jóvenes en el alegre y entusiasmante camino del seguimiento.
En el "sí" de la Anunciación, somos animados a vivir en coherencia con el "sí" de nuestra ordenación; en la Visitación a Santa Isabel, somos animados a vivir en la intimidad divina para llevar su presencia a otros y para traducirla en un gozoso servicio, sin límites de tiempo y de lugar. Contemplando a la Santísima Madre adorando al Niño Jesús envuelto en pañales, aprendemos a tratar con amor inefable la Santísima Eucaristía. Conservando todo acontecimiento en el propio corazón, aprendemos de María a concentrarnos en torno al Único Necesario.
Con estos sentimientos les aseguro a todos, queridos sacerdotes esparcidos por el mundo, un especial recuerdo en la celebración de los Santos Misterios y pido a cada uno sostenerme en su oración para cumplir el ministerio que se me ha confiado. ¡Pidamos, delante del pesebre, que cada día podamos ser aquello que somos!

REFLEXIÓN DE LAS LECTURAS DEL I DOMINGO DE ADVIENTO 2011 CICLO B

"Lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad!" (Mc. 13,37).
Toda la liturgia del tiempo de Adviento está centrada en la "espera vigilante" con la que cada uno, por medio de un auténtico espíritu de oración, humilde y confiada, se prepara a recibir la venida del Señor Jesús.
La actitud con la cual toda la humanidad, y de modo particular todos los cristianos, deberían predisponerse a recibir al "dueño de casa" es "la espera vigilante".
San Basilio de Cesarea dice al respecto: "¿Qué es lo propio del cristiano? Vigilar cada día y cada hora, y estar pronto para cumplir perfectamente lo que es agradable a Dios, sabiendo que a la hora en que no pensamos llegará el Señor"(Basilio di Cesarea, Regole Morali, LXXX 22,869) . Por lo tanto, la espera del hombre no es pasiva, estéril o "muerta", sino vida, activa y participativa. El hombre participa así, de modo particular, a la venida misma del Señor: " El testimonio de Cristo se ha confirmado en vosotros" (1Cor. 1, 6).
Por este motivo no sólo espera, sino que llama a Dios: "Tú, Señor, eres nuestro padre". El hombre, reconociendo que pecó al no haber invocado a Dios como Padre, y que por ello ha merecido que le escondiera su propio rostro, pide que regrese "por amor de sus servidores", y se coloca en una situación de completo abandono en las manos de su Señor, porque "nosotros somos el barro, Tú, nuestro alfarero y todos nosotros la obra de tus manos" (cfr. Is, 64, 6-7).
De aquí que no podamos más que agradecer a Dios: "hemos sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia" (1Cor. 1, 5), para que seamos encontrados "irreprensibles en el día del Señor".
Todo esto nos empuja a estar vigilantes, porque no conocemos "el momento preciso" en que Él regresará a casa. La "casa" puede ser tomada como imagen de la comunidad cristiana, que se preparara a acoger, de manera vigilante, por medio de una vida en oración y por las obras, a "su dueño"; pero es también el hogar espiritual de cada uno, que debe ser edificado cada día.
Cada uno debe cuidar y llevar a cabo lo que Dios le ha confiado, vigilando para no encontrarse sin preparación cuando venga el Señor. El tiempo de Adviento nos llama a reforzar el espíritu de oración, tratando de combatir la negligencia y la debilidad que lleva a ceder frente al pecado.
El Beato John Henry Newman escribe en su diario espiritual: "Vigilar: ¿qué quiere decir, por Cristo? Estar vigilantes. [...] Vigilar con Cristo es mirar adelante sin olvidar el pasado. Es no olvidar que Él ha sufrido por nosotros; es perdernos en la contemplación atraídos por la grandeza de la redención. Es renovar continuamente en el propio ser la pasión y la agonía de Cristo; es revestirnos con alegría de aquel manto de aflicción con el que Cristo quiso primero vestirse y después dejarlo para irse al cielo. Es despegarse del mundo sensible y vivir en el no sensible. Así Cristo vendrá y lo hará en el modo en que lo dijo que lo hará". (J. H. Newman, Diario spirituale e meditazione, 93.)

Que en este fascinante tiempo de Adviento nos acompañe la Santísima Virgen María Inmaculada, Madre de la espera y del silencio. Ella, que más que ninguna otra criatura supo acoger humildemente la voluntad de Dios, permitiendo así la obra de la Redención, sostenga la oración, las obras y la auténtica y permanente renovación del Cuerpo eclesial en la santidad, y el ejemplo del Glorioso Patriarca san Jose, padre adoptivo nuestro Señor y Salvador y esposo de la Virgen-Madre nos ayude en la espera del dueño de la casa.

lunes, 21 de noviembre de 2011

SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

La Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, al finalizar el año litúrgico, tiene el valor de una verdadera sinfonía con la que celebramos en su totalidad el misterio de Dios.

Las Lecturas litúrgicas anuncian la realeza de Dios y su pleno señorío sobre la realidad y nos introducen en la naturaleza impactante de su potestad salvadora: "Yo mismo buscaré mis ovejas y las cuidaré (...) Yo mismo las conduciré a los prados y las haré descansar". Por medio de las palabras del profeta Ezequiel somos introducidos en el corazón de la fe, colocados delante del Acontecimiento central mediante el cual Dios manifiesta la propia realeza.

El Señor habla al hombre y le muestra su señorío, en primer lugar a través de la Creación: "Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles pueden ser contempladas con la inteligencia en las obras realizadas por Él, como su eterno poder y divinidad" (Rm 1,20). Además, el Padre viene al encuentro del hombre mediante sus profetas: "Muchas veces y de distintas maneras", Él ha dirigido su palabra a su pueblo "por medio de los profetas" (Hebr 1, 1). Pero toda la creación y toda la actividad profética estaba orientada a cumplirse en la promesa de Dios: "Yo mismo buscaré (...) yo mismo conduciré a mis ovejas". Esta promesa se realiza cuando, llegada la plenitud de los tiempos, Dios envía en la carne a su propio Hijo unigénito.
Él no es más "uno" que busca a las ovejas y las cuida "en nombre de Dios", como los profetas; Jesucristo es Dios mismo hecho hombre. El Padre, en su Hijo, se encuentra "en medio" de sus ovejas que estaban dispersas.

En la Carta Apostólica Tertio millennio adveniente, del Beato Juan Pablo II, leemos: « Encontramos aquí el punto esencial. Aquí no es sólo el hombre quien busca a Dios, sino que es Dios quien viene en Persona a hablar de sí al hombre y a mostrarle el camino por el cual es posible alcanzarlo" (n. 6). Cristo, Verbo eterno hecho hombre, es la plena manifestación de la gloria de Dios y el definitivo cumplimiento del proyecto del Padre para el hombre.

El profeta Ezequiel revela que la condescendencia divina para con el hombre se manifiesta en la búsqueda de la criatura por parte del Señor: "Iré a buscar a la oveja perdida y devolveré la perdida al rebaño". En Cristo Jesús, el Padre Dios no solo habla al hombre sino que lo busca. ¡Qué misterio profundo este comportamiento de Dios para con el hombre!

Todo el Cristianismo es el Padre que, en Jesucristo y en el Espíritu, busca al hombre. Esta búsqueda tiene su origen en la inescrutable intimidad de la Santísima Trinidad. Tiene su origen en la decisión del Padre de elegir a cada uno de nosotros, antes de la creación del mundo, para que fuésemos "santos e inmaculados en su presencia en el amor, predestinándonos a ser hijos adoptivos" (Ef. 1,4-5). «Por tanto Dios busca al hombre, que es su propiedad particular de un modo diverso de como lo es cada una de las otras criaturas. Es propiedad de Dios por una elección de amor: Dios busca al hombre movido por su corazón de Padre». (Juan Pablo II,  Tertio millennio adveniente, n. 7).

¿Por qué el hombre es buscado por el Padre? Porque, como enseña el profeta, los hombres estaban dispersos en los días nublados y oscuros"; y el Señor quiere hacerlos partícipes de la "suerte de los santos en la luz" (Col 1,12).

Afirma San Pablo en la lectura de hoy: "Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicia de los que mueren". La búsqueda que Dios Padre hace del hombre alcanza su culmen en la muerte y resurrección de Jesucristo.

En Jesús de Nazaret, el hombre tantas veces buscado y finalmente encontrado, el hombre perdido desde hace tanto tiempo y finalmente traído a casa, el hombre tan herido y enfermo desde hace tanto tiempo, finalmente es curado. Y todo sucede en la muerte y resurrección de Cristo: "Porque si por causa de un hombre vino la muerte, por medio de un hombre vendrá también la resurrección de los muertos", desde el momento en que "como todos mueren en Adán, así todos recibirán la vida en Cristo". En efecto, Cristo, muriendo ha destruido al verdadero enemigo, la muerte.. Resucitando, Él nos ha donado la verdadera vida, y ha reconstituido en los hombres la dignidad de su primer origen. En Jesucristo, Dios ha obrado la liberación de la muerte eterna "nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo predilecto, por obra del cual tenemos la redención" (Col 1, 13-14 ), haciendo de nosotros un pueblo de sacerdotes, reyes y profetas.

¿Adónde apunta todo esto? A que "Dios sea todo en todos", afirma también el Apóstol. La finalidad de todo es que permanezca Dios en lo íntimo del hombre y que el hombre pueda permanecer en la intimidad de Dios. La encarnación del Hijo de Dios tiene como fin la participación, por parte del hombre, de la misma vida de Dios. Esto es lo que celebra la liturgia de la Iglesia en este día solemne: el misterio del Padre que crea cada cosa y que, en el Hijo, busca incansablemente a cada uno, para que, liberados mediante la pasión redentora de Cristo y el don del Espíritu, cada hombre llegue a ser partícipe, en el Hijo, de la misma vida del Padre.

La realeza de Cristo consiste en el poder presentar al Padre al hombre redimido y hecho hijo de Dios, y a la humanidad reunida en la única Iglesia, su Esposa y su Cuerpo. El señorío real de Cristo es el cumplimiento de este plan admirable. Estamos llamados, ya desde ahora, a participar en él, pareciéndonos siempre más a Él, cooperando en la Iglesia a su mayor gloria y reconociéndolo realmente presente en cada hombre.

Para que esto suceda, es necesario que también las estructuras temporales, en su legítima autonomía, estén orientadas por los cristianos hacia la visibilidad de la realeza de Cristo en el mundo. No se da el señorío únicamente de una forma "íntima o espiritual", sin un concreto y real señorío sobre y en la historia, visible también en la sociedad, en sus leyes y en la conciencia de que cada uno será llamado a dar cuenta de cada uno de sus actos al único verdadero Señor.

Que María Santísima y todos los santos, en los cuales el poder Real de Cristo ha obrado maravillas, sostengan a la Iglesia en la difícil y permanente obra de instaurare omnia in Christo!

+ Christhian G. Dominguez